EL MUSEO,
ADMINISTRACION DE OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS.
REPERTORIO DE LOS BUFOS MADRILEÑOS.
DE TEJAS ARRIBA,
BUFONADA GATUNA EN UN ACTO,
ORIGINAL DE
DON F. KOSEiO GIL.
MUSICA DEL MAESTRO
DON FRANCISCO ASENJO BARBIERI.
Representada por primera vez en el teatro de «Los Bufos Madrileños»
(Variedades) el dia 22 de Diciembre de 1866.
MADRID.
IMPRENTA DE R. ^ABAJOS,
Cabeza, 27, bajo.
1866,
DE TEJAS ARRIBA,
REPERTORIO DE LOS BUFOS MADRILEÑOS.
DE TEJAS ARRIBA.
BUFONADA GATUNA EN UN ACTO,
ORIGINAL DE
DON P. MORENO GIL.
MUSICA DEL MAESTRO
DON FRANCISCO HSfflO BARBIERI.
Representada por primera vez en el teatro de «Los Bufos Madrileños»
(Variedades) el dia 22 de Diciembre de 1866.
MADRID.
IMPRENTA DE JOSÉ RODRIGUEZ, CALVARIO, 18*
AL PAPÁ
DE LOS BUFOS MADRILEÑOS,
DON FRANCISCO ARDERIUS,
Dedican esta gatada, en nombre de los autores,
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La propiedad de esta obra pertenece á su autor, y nadie podrá sin su permiso
reimprimirla ni representarla en los teatros de España y sus posesiones ^de Ul-
tramar.
El autor se reserva asimismo el derecho de traducción, de impresión y
representación en el extranjero, según los tratados vigentes.
Queda heeho el depósito que exige la ley.
Los corresponsales de DON FRANCISCO RUBIO, dueño de la Administración
general de obras dramáticas y líricas, son los encargados exclusivos de su venta y
del cobro de sus derechos de representación en dichos puntos.
Habiendo examinado esta zarzuela en un acto, que lleva por titulo. Be
tejas arriba, no hallo inconveniente en que su representación sea autorizada.
Madrid 16 de Diciembre de 1866.
El Censor interino,
é Luis Fernandez Guerra.
PERSONAJES.
ACTORES.
ROSA Doña Amalia Gómez.
VECINA 1.a Celsa Fontfrede.
IDEM 2.a Higinia Hacías.
EUGENIO D. Francisco Arderiis.
DON SISEBUTO José Escriu.
UN COMISARIO DE POLICIA. Francisco Castillo.
DOS SERENOS N. N.
Coro de vecinas.
La escena es en Madrid y en nuestros dias.
ACTO ÚNICO.
La escena representa el tejado de una casa, á la altura convenien-
te. A la derecha, en segundo término y encima del tejado, una
pared con ventana practicable, frente al público, y encima un
letrero que dice: galería fotográfica. A la izquierda en se-
gundo término la linterna ó caballete de una buhardilla con
ventana también practicable frente al público. En el centro, y
en el fondo del tejado, aparece un terrado descubierto con una
barandilla que le rodea, al cual se sube por una escalerilla que
estará á la derecha por detrás del tejado. A la derecha en pri-
mer término, y á la izquierda en primero y segundo, la parte
superior de dos fachadas con ventanas practicables que dominan
al tejado. Desde una de las ventanas de la izquierda á la baran-
dilla del terrado, una cuerda con ropa tendida. A la izquierda
del terrado una chimenea de fábrica con dos cañones de hierro
en la parte superior. Telón de calle en el foro. (Entiéndase por
derecha é izquierda la del actor.) Véase la nota puesta al final.
ESCENA PRIMERA.
INTRODUCCION.— MÜSléA.
Al alzarse el telón aparecen cerradas todas las ventanas. Viento fuerte. Se
oye dentro á lo lejos una comparsa que se va acercando lentamente* tocan—
— 10 —
do ana marcha con guitarras y bandurrias; figura que atraviesa la calle y va
poco á poco alejándose hasta que apenas se perciben los sonidos de sus ins-
trumentos. El sereno canta dentro «las doce y media y nublado." Cesa la
música. EUGENIO abre la ventana de la fotografía, y dice asomándose:
HABLADO.
EüG. Rosa... Rosita!... NO hay nadie! (Mirando á la ventana de
la buhardilla.) Si habrá ido también mi vecinita á la ver-
bena de san Antonio!... Lo dudo; sin embargo, aun es-
tá cerrada la ventana de su buhardilla!... Uff! la noche
está íria como un cuerno, y corre un vientecillo... Ca-
lla... si está chispeando!... No importa; empecemos
nuestra nocturna serenata, á ver si acude al reclamo
como todas las noches, (saca un clarinete.) Ay! vecina,
vecinita!... y cuántos suspiros cuestas á mi clarine te!
Probemos. (Da un fuerte resoplido, haciendo varias escalas acro-
máticasj acompañado de la orquesta.)
BSUSIG A . — CANTO.
Escucha los acordes
de mi instrumento^ *
y con él mis suspiros
te lleve el viento!
Mira y remira
con qué ilusión . . ■. ■
por tu cariño
trinando estoy.
(Tocando el clarinete.)
Ta ra rí, ta ra rí,
ta ra rí, ta ra ró!
Sal, vecinita,
que por tu amor
. soplo, resoplo y soplo
con afición!
_ n _
i!.
No desoigas los trinos
de un clarinete,
y sus agudas «otas
en tu alma mete!
Escucha pia,
mi pió, pon,
que estoy ya en tono
de sol mayorl
(Tocando el clarinete.)
Ta ra rí, ta ra rí,
ta ra rí, ta ra ró!
Sal, vecinita,
que por tu amor
soplo, resoplo y soplo
con afición.
(>Cesa la música.)
ESCENA II.
EUGENIO, ROSA, en la ventana de la buhardilla.
HABLADO.
Eug. (Me parece haber oido... (Mirando á la ventana.) Ah! ella
es!...) Buenas noches, vecinita.
Rosa. (Asomándose.) Buenas noches, vecino.
Eüg. ¿Cómo está usted?
Rosa. Bien, y usted?
Eug. Para servir á usted.
Rosa. Gracias, vecino. (Breve pausa.)
Eüg. Dígame usted, vecinita, ¿se ha acostado ya su madre
de usted?
Rosa. Sí señor.
Eug. Me alegro.
Rosa. Por qué?
— 12
Eug, Por... por nada; porque con el viento tan fuerte que
hace, estoy seguro que, ó tenemos que hablar á voces,
ó acabaremos por no entendernos.
Rosa. Pues yo bien le oigo á usted!
Eug. Porque usted es en todo perfecta!... Pero yo... desde
mi regreso de América, me quedé un poco teniente de
este oido, y... (Saltando al tejado.) Con permiso de us-
ted...
R osa. Qué va usted á hacer?
Eug. Nada, Rosita; á apropincuarme un poquito mas, hasta
donde usted me tiene señalado.
Rosa. Que se va usted á caer á la calle!
Eug. No tema usted; todo puede ser romperme un brazo ó
una pierna.
Rosa. Le parece á usted poco?
Eug. Y qué valen los males del cuerpo comparados con...
(Cogiéndose al alero de la buhardilla é incorporándose un poco
para saludarla. ) Buenas noches, vecina.
II osa . Buenas noches.
EUG. (Sentándose al lado de la buhardilla ) Ya, ya Sé que de aquí
no puedo pasar. (Breve pausa.)
Rosa. Conque ha estado usted en América?
Eug. Sí señora; allí he vivido seis años al lado de una tía
tan rica como vieja y gruñona; pero como yo no he na-
cido para ser esclavo mas que de unos ojos negros y...
como verU gratia, di media vuelta á la derecha, y paso
redoblado me volví á esta sufrida y benemérita patriadle
Calderón.
Rosa. Según eso, sabrá usted bailar muy bien el tango?
Eug. Yo le diré á usted, vecina; eso es... según la pareja;
el día que usted quiera que probemos, estoy seguro que
ni Petipá!... Conoció usted á Petipá?
Rosa. No señor.
Eug. Pues mire usted, bailaba muy bien: yo le vi en el paso
del marinerito y daba unos saltos y hacia unas piruetas
que...
Rosa. T¿ Le gustan á usted los bailarines?
— 13 —
Eug. Sí señora... pero me gustan mas las bailarinas.
Rosa. Ya!
Eug. Es decir, bajo el punto de vista del arte... pedestre!.. .
porque yo soy muy artista y muy...
Rosa. (Riéndose.) Ja! ja!... qué ocurrencia!
Eug. Bendito sea Dios, y qué boca tan bonita pone usted pa-
ra reírse!...
Rosa. Sí, eh?
Eug. Y qué ojos tan... Ay, Rosita, no me mire usted así...
que si me da un mareo voy de cabeza á la calle. (Acer-
cándose un poco.)
Rosa. Eh!... mas adentro! qué pasa usted el límite que le he
! señalado.
Eug. No, no señora; el límite está aquí, en esta teja. Conque
decia usted, Rosita...
Rosa, Que si hace mucho tiempo que volvió usted de Amé-
rica?
Eug. Dos años poco mas ó menos; pero que lo crea usted ó
no, por ninguna parte he viajado tanto como por Ma-
drid.
Rosa. Por Madrid?
Eug. Me explicaré: yo he sido un año estudiante de medicina;
después practicante en casa de un cirujano; luego ayu-
dante de un dentista; después mancebo de un minis-
trante ó comadrón...
Rosa. Jesús!
Eug. No... no se asuste usted, mi cargo era tan solo aplicar
sanguijuelas á domicilio; lue^o fui barbero, y por últi-
mo aprendiz de un fotógrafo, que es el puesto mas ele-
vado y conforme con mis aspiraciones!...
R0S\. Ah! (Mirando al interior de la buhardilla.)
Eug. Qué?
Rosa. Me parece que me llama mi madre: hasta luego vecino.
Eug. (Acercándose.) Ay, Rosita! y qué ramitode flores formaría
yo con sus gracias de usted.
ROSA. Hasta luego. (Desaparece cerrando la ventana.)
_ u —
ESCENA IH.
EUGENIO^ después VECINA 1.a y VECINA 2.a
Eug. Siempre las viejas han de echarlo todo á perder; cuan-
do ya íbamos entrando en asunto!... Yo no sé para qué
sirven las madres... después de ser madres! (se dirige
hácia el terrado.)
Yec. 2.a (Dentro.) Señora Agueda.
Yec 1.a (id.) Qué ocurre, vecina?
Yec 2.a Que está lloviendo y tiene usted todavía tendida la
ropa!
Yec i.a Gracias, vecina; las jaquecas de mi hija me han puesto
á mí la cabeza como á menistro de Hacienda!... Yoy, voy
en Seguida. (Tira de las cuerdas y va desapareciendo la ropa.)
Calla!... el vecinito está también...
Eug. Tomando el fresco, señora Agueda. (Parlanchína mas
impertinente!) (Se sienta junto. á la barandilla.)
Yec. 1.a (Con retintín.) Ya... ya me lo figuro!... Y está buena la
vecinita, ó padece también jaquecas como mi hija?
Eug. Como no he llegado á ser médico todavía no puedo con-
testar á usted.
Yec. 1.a Entonces, será algún dolor de costado.
Eug. (Que no te volvieras muda!)
Yec. 1.a Vecino... me hace usted el favor de ver si se ha caido
por ahí un pañalito del niño? le tenia colgado y,..
Eug. (s¡ n moverse. ) No señora, no hay nada!
Yec 1.a No tenga usted reparo en cogerle, que aunque le vea
usted algo descoloridito, está mas limpio que la con-
ciencia de un escribano.
Eug. Cuando le digo á usted que no hay nada.
Yec 1.a Yaya! pues entonces...
Eug. . Buenas noches, señora Agueda.
Yec. i.a Ya, ya me voy! que no me gusta ser importuna; con-
que... cuidado con algún mareo, no se vaya usted á
caer á la calle!...
— 15 —
Eüg. Vieja mas habladora!... si la doy cuerda se está toda la
noche de palique. (Mirando hácia la escalerilla del terrado.)
Eh! me parece que oigo pasos por la escalera. (Levan-
tándose.) Será el inquilino del cuarto tercero que subirá
como todas las noches á requebrar á Rosita. Ese viejo
cegato se ha empeñado en que yo le rompa algo... y lo
va á Conseguir. (Se oculta á la izquierda de la buhardilla.)
ESCENA IV.
EUGENIO, escondido. D. SlSEBüTO^aparece por la escalera del terrado con
una linterna encendida.
Siseb. (Asomando la cabeza.) Cuerno!... y qué vientecillo tan
fresco corre esta noche por estas alturas!... si parece
que estamos en pleno invierno!... A y, Rosa, Rosita!., y
cuántos sinsabores cuestas á tu enamorado tortolito!...
Achí! (Estornudando.) Ya me constipé!... no importa:
Veamos si al escuchar el sonoroso timbre de mi angé-
lica voz, acude á mi reclamo. (Tosiendo.) Ejem!... oido!
¡MUSICA— CANTO.
Sal, palomita mia,
sal de tu nido,
oye- el dulce reclamo
de un palomito.
(Arrullando como los palomos.)
Roo... roo.
Aquí te espero!
Roo... roo,
poco menos que en punto
de caramelo!
(Estornudando.)
Achí!... ya le cogí!
achí!... ya le agarré.
— 16 —
Mas frió estoy que el mango
de una almirez!
(sonándose.) Jem! jem!
Roo... Achí!
II.
A tu ventana asoma,,
tu pico de oro,
y da de picotazos
á tu palomo!
Roo... roo.
Sal, palomita,
roo... roo.
Que estoy como un sorbete
de mantequilla.
Achí!... ya le cogí!
achí!... ya le agarré!
Mas frió estoy que el mango
de un almirez!
Jem! jem!
Roo ., achí!
(Cesa la música.)
HABLADO.
Siseb. (Escuchando.) Nada oigo!... si se habrá acatarrado tam-
bién la VeCÍnita COmO... (Estornudando.) Achí!
Eüg. (Á media voz.) Dios te arranque el alma...
Siseb. Eh!... creí escuchar... (Llamando.) Rosa... Rosita...
Eug. (Fi ng-iendo la voz. ) Buenas noches, don Sisebuto.
Siseb. (Ella es!...) Dios te guarde, palomita sin hiél! (Estornu-
dando.) Achí!
Eüg. Cuídese usted , don Sisebuto: la noche está húmeda, y
á su edad de usted, el reuma...
Siseb. Á mi edad!... pues qué, ¿soy yo acaso un carcamal?...
Con malos ojos me has mirado, capullito de rosa!... (Es-
— 47 —
tornudando. ) Achí!
,G. (Á media voz.) LOS SeSOSÍ
seb. Gracias! Lo que tú quieres es que deje libre el campo
al veciuito: ¿no es así, ingrata?
Eug. Puede usted suponer lo que guste.
Siseb. Ya te he dicho que mi mujer está en la casa de campo
que poseo cerca de Santander, y nada tenemos que te-
mer, tortolita mia.
Eug. (Infame!... yo sí que te voy á atortolar!)
Siseb. Y como creo ademas que esta noche estará emborra-
chándose tal vez en la verbena nuestro impertinente
vecinito, he creído la ocasión mejor para decirte lo mu-
cho que te amo y la brillante posición que.,, (Eugenio le
tira un pedazo de teja que da en la barandilla.) Canastos!
Eug. Qué es eso, don Sisebuto?
Siseb. Si algún mal intencionado...
Eug. El viento tal vez...
Siseb. Eso será! como hay otros tejados mas altos! Sin duda
el aire... Conque aceptas, eh?
Eug. No señor.
Siseb. Que no?
Eug. Ya le he dicho á usted, don Sisebuto, que ó deja usted
de perseguirme ó se lo cuento todo á Eugenio...
Siseb. Á tu novio, eh?
Eug. Sí señor; á mi novio, que es un chico muy guapo... y
muy amable... y muy modesto y muy...
Siseb. Echa, hija mia. echa!
Eug. Y usted, en cambio, es muy viejo... y. muy feo... y
muy...
Siseb. Eh!... basta de piropos!... ese diablo de aprendiz te ha
levantado de cascos; pero yo estoy seguro que muy
pronto variarás de opinión.
Eug. Pues hasta entonces... buenas noches, don Sisebuto.
Siseb. Así me dejas, ingrata; vaya... hablemos con formalidad,
que no te pesará, matita de claveles! (Llamando.) Rosa...'
Rosita! Se ha marchado! ya volverá! Mis redes están
bien tendidas, y al fin y al cabo caerá en ellas! Achí' ••
%
— 18 —
(Extendiendo el brazo.) Hola!... parece que la lluvia va en
aumento! no estará demás que el paraguas sea esta no-
che mi Compañero de aventuras! (Váse por la escalera del
terrado: la lluvia es cada vez mas fuerte.)
ESCENA V.
EUGENIO, después ROSA, en la ventana.
Eug. Ah! viejo seductor!... te prometo que te has de acordar
de mí! Agua vá!... vaya un chaparrón! (Atravesando á ga-
tas el tejado.) Esperemos en mi chiribitil á que pase este
ChubaSCO. (Acercándose á la ventana de la fotografía , que esta-
rá cerrada.) Calla !. .. él viento sin duda ha cerrado mi
ventana! Si mi vecinita tuviera compasión de mí!.. .
Rosa... Rosita... (Al cruzar el tejado resbala y cae.) Uif!
(Sentado en el tejado.) Oh témpora... íempororuml (Llaman-
do.) Vecina... vecinita... apiádese usted de un desgra-
ciado mortal que de todo tiene menos de impermea-
ble!.,. Vecina...
Rosa. (Abriendo la ventana.) Me va usted á comprometer con
sus lamentaciones!
Eug. (sentado.) Ni las de Jeremías! es verdad; pero repare us-
ted que mi situación no es para menos.
Rosa. Qué le pasa á usted?
Eug. Que me voy á convertir en rano!
Rosa. Jesús!... que chaparrón! retírese usted pronto.
Eug. (sí n moverse. ) No puedo.
Rosa. Por qué?
Eug. Porque el viento me ha jugado una mala pasada. ,
Rosa. El viento?
Eug. Sí, señora; el otro dia tuve con él algunas palabras, y
hoy se ha vengado de mí cerráudome la ventana.
Rosa. A y!... cuánto lo siento!
Eug. Y yo también; pero en fin, si usted quisiera darme un
cacairritito de hospitalidad, hasta que pase el chubasco,
jo sentiría menos.
— 19 -
Rosa. Imposible! ¿Qué dirían de mí si alguno de la vecindad
lo llegara á saber?
Eug. No sea usted cruel, vecinita! aunque no sea mas que
por un cuarto de hora! siquiera hasta que pase este
chaparrón.
Rosa. Puede estar lloviendo así toda la noche!
Eug. Mejor!
Rosa. Cómo mejor?
Eug. No; quiero decir... que quién se ha de atrever á censu-
rar una acción tan.,, tan caritativa, y sobre todo á es-
tas alturas. (Lluvia fuerte.) Caramba y como aprieta!...
si esto es el diluvio universal! me voy á trasformar en
sapo!
-Rosa. Espere usted un momento! (Desapa rece de la ventana. )
Eug, Si al ím se apiadara de mi pobre humanidad!... Mucho
[O dudt). (Atraviesa á galas el tejado hasta colocarse cerca de la
ventana de Rosa.) Uif!. . parece que han dado jabón á lab
tejas! (Estornudando.) Achí!... cáspita! ya me he costipa-
do yo también como ese don Bucéfalo!
ROSA, (Apareciendo en la ventana con un paraguas muy viejo.) Tome
usted, vecino.
Eug. Eh!
Rosa. Mi paraguas.
Eug. Ahí... su paraguas de usted! (cogiéndole.) (Algo es algo.)
Muchas gracias, vecinita.
Rosa. Está bastante estropeado, pero como no tengo otro, no
puedo ofrecérsele á usted...
Eug. (a biiendo el paraguas, que tendrá algunas barillas rotas. ) Efec-
tivamente; un poco deteriorado está!... pero... no te-
ma usted que repare en él ningún transeúnte. (Besando
el puño ) Bendito sea Dios y qué puño tan suavecito tie-
ne!... cómo se conoce que ha pasado usted por él mu-
chas veces la mano!
•Rosa. Ya ve usted!... de alguna parte tenia que cogerle!
Eug. (suspirando.) Ay!... yo si que estoy cogido en... (Resbala.)
Rosa. Que se cae usted!
Eug. Ya... ya lo he notado!... Si usted me permitiese siquie-
— 20 —
ra subirme encima de su buhardilla de usted, no esta-
ría tan expuesto á hacer una descensión aereostática.
Rosa. Bien; pero vaya usted con cuidado.
Eüg. Sí señora, sí; eso corre de mi cuenta! (Montándose en el
caballete de la buhardilla, con el paraguas abierto.) Ajá!... Uíf!
y qué fresquito está el asiento!...
ROSA. (Riéndose y mirando hacia arriba.) En Cambio estará blan-
dito!
Eug. Sí señora, sí; como un guarda-cantón!... (Reparando en un
pañal viejo ó mantilla pajiza que estará en el caballete.) Calla!
vaya un hallazgo!
Rosa. Qué es eso?
Eüg. El pañal de la vecina!... para algo habia de servir. (l«
dobla y se sienta encima de él. Al incorporarse ve por encima del
alero á Rosa y se queda contemplándola.) Ay vecina... Vecina!
y qué visualidad tan palpitante presenta usted... desde
aquí!
Rosa. Cómo se conoce que es usted fotógrafo!
Eüg. Por eso justamente he sabido imprimir mejor que otro
la imágen de usted en mi corazón!... Ay, vecina... ve-
cina!.,.
Rosa. Qué le pasa á usted?
Eug. Que me suben unos vaporcillos del fuego que arde en
sus ojos de usted, que ni los de las calderas del gas.
Rosa. (Mirando hácia el terrado.) Chis!,., calle usted; meparece
haber sentido pisadas por la escalera que sube al ter-
rado.
Eug. Será don Sisebruto... 6 don Sisenando.
Rosa. Bájese usted; si le viera, sospecharía...
Eug. Teme usted...
Rosa. Sí señor; temo que mi reputación pueda ponerse en bo-
ca de cualquier imbécil.
EüG. Tiene USted raZOn. (Bajándose del caballete y ocultándose á la
izquierda de la buhardilla, haciendo que el paraguas quede á la
altura de esta para que no le vean.) Su reputación de USted
es para mí la prenda mas estimable que posee.
Rosa. Gracias, Eugenio. (Aparee© d. Sisebuto.)
— 21 —
Eug. (Ya está aquí el beduino!...)
Rosa. (Pues que se prepare á oir una buena lección!)
Eug. (Bien la merece: yo seré mudo espectador!)
ESCENA VI.
DICHOS, D. SISEBUTO, por la escalera del terrado con la linterna y un gran
paraguas encarnado, que sacará abierto.
Siseb. (Desde el terrado.) Rosa... Rosita... Si yo me atreviera á
llegar hasta su ventana!.... el tejado no es muy pen-
diente, y aunque las tejas están algo resbaladizas!...
Probemos.) (Deja la linterna junto á la barandilla y salta al
tejado.)
Eug. (Bajo á Rosa.) Ya se acerca!)
SlSEB. Uif!... que me escurro! Achí! (Resbala y queda sentado en
el tejado; después va bajando á gatas.)
Eug. ÍDnndo un bufido.) Marramiau!
Siseb. (Escuchando.) Eh!... Gracias.
MUSICA — CANTO
Rosa. Ven, Dominico mió,
que aquí te espero,
ven, que sin tus caricias
de pena muero.
(Llamando al gato.)
Minino, minino,
ay, qué dolor!
michito, michito,
no vuelve, no!
Ps... ps.
ay, qué dolor!
ps... ps.
— 22 —
no vuelve, no!
Ven, remononomio,
tú eres mi amor;
vuelve á mis brazos pronto
por compasión!
II.
Vuelve hacia mí tus ojos,
michito mió,,
yo pasaré mi mano
por tu lomito!
Minino, minino,
ay, qué dolor!
michito, michito,
no vuelve, no!
Ps... ps.
ay, qué dolor!
ps... ps.
no vuelve, no!
Ven, remonono mió,
tú eres mi amor;
vuelve á mis brazos pronto
por compasión!
(Cesa la música.)
HABLADO .
Rosa. Ps... ps... ven aquí, Dominico; no te vayas á costipar tú
también como don Sisebuto.
Siseb. Presente!... encantadora Rosita.
Rosa. Ah!... usted aquí?
SlSEB. (Sentándose.) En CUerpO y alma! (D. Sisebuto y Eugenio ocu-
pan exactamente la misma posición, con los paraguas abiertos, á
ambos lados de la buhardilla, sin poderse ver el uno al otro.)
Rosa. Viene usted á hacer compañía á los gatos?
Siseb. Eso me preguntas, ingrata, cuando expongo mi vida
por tí!
~ 23 —
Rosa. Mire usted, don Sisebuto; yo, aunque pobre, soy una
joven modesta y honrada, que no aspira á elevarse á
un puesto mas alto que el que ya ocupa, y que jamás
ha cubierto sus mejillas con el rubor de la vergüenza.
Eug. (Besándola la mano.) (Hum! bendita sea tu boca!)
Rosa. (Chis!... quieto!)
Siseb, Eh! qué es eso?
Rosa. Nada: es Dominico que ya se va impacientando porque
estoy hablando con usted.
Siseb. Dominico debe ser muy poco tratable, Rosita! Pero...
volviendo á lo que nos interesa, ¿quién te ha dicho que
yo abrigo intenciones tan dañinas?
Rosa. Usted es casado, y por lo tanto...
Siseb. Sin embargo...
Rosa. En fin, don Sisebuto, le aconsejo á usted...
Síseb. (Estornudando.) Achí!,.. (Le agarré de veras!) Eh! qué.,
qué es lo que decíamos?...
Rosa. Que vaya usted á sudar su catarro; el relente de la no-
che puede serle muy perjudicial y no está usted ya para
esas bromas.
Siseb. Ingrata!... no me concederás al menos... (Queriéndola co-
ger la mano.)
Rosa. Cuidado, don Sisebuto; que le va á dar á usted un ara-
ñazo mi Dominico.
Siseb. (cogiéndola par fin la mano.) Ay, Rosa... Rosita...
Rosa. Suelte usted ó grito
EUG. (Dando á D. Sisebuto un arañazo en ta cara y bufando como un
gato.) ¡Marramiail! (Rosa cierra la ventana.)
Siseb. Uf!... me ha clavado las uñas! infame Dominico!
Eug. (cerrando el para-uas.) (Yo te aseguro que no será el últi-
mo!) tLa lluvia va cesando poeo á poco.)
ESCENA VIL
EUGENIO, D. SISEBUTO.
SiSEB,
De seguro que me ha puesto el carrillo como una cri-
- 24 —
ba!... Uf! y cómo huele á ingredientes fotográficos!
EUG» (Separándose un peco de la buhardilla y dirigiendo la voz lejana,
ahuecando las manos en la beca.) Qliién Vil?
-isf.b. (cerran-j el paraguas.) (Si me habrá visto algún vecino!)
(Subiendo á gatas hacia el terrado.) (Pues SÍ Cree que SOy
un ladrón y me descerraja un tiro! la oscuridad de la
noche me valga!... procuremos desorientarle, hacién-
dole creer que soy la sombra de un gato!)
Siseb. (Á gatas.) Miau!
Eug. (id.) Miau!
Siseb. Zarauz!
Eug. Zarauz!
Siseb. (Es un gato!)
Marramiau!
Eug. (Si le atrapo!)
Zarauz!
Sjseb, (Ese gato compromete
mi elevada posición;
si le cojo, si le atrapo,
va á llevar un revolcón!)
Eug. (Ese viejo se ha empeñado
en armar aquí función,
si le cojo, si le atrapo
va á llevar un revolcón!)
Yo soy el colora. ..o!
las uñas me he afila.. .o!
Siseb. Y yo en este teja. ..o!
dos gatos he encoja... o!
Elg« Deja pronto el teja.. .o!
que estoy enamora.. .o!
Siseb. También yo en el teja. ..o!
— 25 —
estoy amelona.. .o!
Eug. Fuh! Allá voy!
Siseb. Fuh! aquí estoy!
Eüg. Marramiau!
Siseb. Zarauz!
Fuh!
(Voy á ver si consigo
que eche á correr.)
Fuh!
(Si atizarle pudiera
eon ese cordel!)
(Señalando el del tendedero.)
Fuh!
(Si me muevo y le asusto
y empieza á mayar...)
Fuh!
(Me va á armar un tiberio
en la vecindad!)
Fuh! fuh!
Eüg. Fuh!
(Si le doy ahora un susto
va á echar á correr.)
Fuh!
(Y si grita y vocea
me puede perder.)
Fuh!
(Es mejor sorprenderle
así, por detrás.)
Fuh!
(Y evitar que alborote
por la vecindad.)
Fuh! fuh!
(Cesa la música.)
— 26 —
HAS&ADO.
Siseb. Nada se oye!... el campo ha quedado por mí!... es de-
cir, el tejado!... Después de la animada conversación
que he sostenido con su minino, que, entre paréntesis,
debe ser un gatazo de pelo en pecho, no es justo que la
ingrata se ria de mí, haciéndome tocar retirada!... La
ventana no debe ser muy fuerte y.,. (Baja desde la baran-
dilla, y al llegar al centro del tejado le sujeta Eugenio por el
cuello: ambos resbalan y quedan sentados en media del tejado.)
Eug. Miserable!
Siseb. Ladro... (cayendo.) Ay!... ay!...
Eug. Calle usted, don Sardanápalo... ó le arrojo de cabeza á
la calle!
Siseb. (Uf!... el vecinito!)
Eug. Qué viene usted á hacer por estas alturas?
Siseb. Hombre!... lo que á usted no le importa!
Eüg. No me sulfure usted ó le hago rodar como á una bola!
Siseb. (Queriendo levantarse.) Vecino!... usted abusa de mi posi-
ción!
EUG. (Sujetándole») Quieto aquí! (Se escurren y vuelven á quedar-
en la misma posición.)
Siseb. Señor... aprendiz!... aprenda usted á tener mejores
modales!
Eug. Y usted, señor don Caralampio, aprenda usted á no
meterse en#terreno vedado!
Siseb. Me está usted faltando, joven!
Eug, V usted á mí sobrando, viejo verde! (Se levanta. )
Siseb. Ya... ya sé que lo que usted quiere es que yo desista
de mi empeño con la vecinita... pero no lo conseguirá
usted.
Eug. Señor don Policarpo, que le meto á usted de cabeza por
la chimenea!
Siseb. Usted no tiene derecho para impedirme!., (intenta levan-
tarse pero Eugenio le detiene.)
EuGc Le tengo, sí señor; esa joven me ama, soy su prometí-
do, y si usted persiste en atormentarla, pondré al cor-
riente de todo á su mujer de usted para que venga á
sacarle los ojos, después de romperle yo, por lo menos,
siete costillas.
Siseb. Hombre!... no sea usted tan súbito, que vamos á rodar
los dos á la calle en forma de pelota!
Eug. Desiste usted ó no?
Siseb. No señor.
Eug. Que no?
Siseb. Que no!... pues no faltaba otra cosa!
Eug. Si se mueve usted de ahí, le abro en canal!
Siseb. Usted abusa, joven, usted abusa!
EUG. Ahora lo Verá USted! (Desata las cuerdas de tender la ropa )
Siseb. Qué va usted á hacer?
Eug. Cuando le digo á usted que pronto lo va á ver!
Siseb. Es que yo... ;
Eug. (cogiéndole de un brazo.) Venga usted aquí.
Siseb. Eh!
Eug. Que venga usted aquí!
SlSEB. (Si no VOy Será Capaz de...) (Se acercan á la chimenea. Euge-
nio le rodea al cuerpo la cuerda y le ata al cañón, á pesar de lo
esfuerzos de D. Sisebuto.)
Eh!... esto es un atropello!
Eug. Quieto he dicho!
Siseb. Soy yo acaso algún ladrón, ó so propone usted que re-
presente yo ahora la escena de los Amantes de Teruel.
Eug. Sí señor; usted es don Diego!...
Siseb. Y usted el bandido que le ató!
Eug. Eh!
Siseb. Que esto es una iniquidad!
Eug. Desiste usted?
Siseb. No señor; soy aragonés!
Eug. Pues ahí va usted á pasar la noche tomando el fresco,
para que mañana amanezca usted como un besugo! yo
le aseguro á usted que no se acercará ya mas á la buhar-
dilla de esa joven!
Siseb. Vecino, le advierto á usted que calienta demasiado el
— 28 —
Cañón de esta Chimenea! (Sale hamo de la chimenea.)
Eug. Eso se encuentra usted.
Siseb Me desata usted ó no?
Eug. No señor.
Siseb. Entonces... aténgase usted á las consecuencias! (Gritan-
do.) Fuego!... socorro!... fuego!
Eug. Calle usted, Mefistófeles!
Siseb. No quiero, Fausto!... (Gritando ) Fuego! fuego!
Eug. (Con aturdimiento.) Su venganza me compromete! dónde
me ocultaré?... la ventana de mi habitación está cerra-
da!... ah! aquí! (Se oculta, encogiéndose todo lo posible á la iz-
quierda de la ventana de la buhardilla de Rosa.)
MUSICA.
Voces. (Dentro.) Fuego!... fuego!...
SlBEB. (Haciendo esfuerzos por separarse del cañón de la chimenea, que
cada vez irá arrojando mas humo. ) Vecino!... vecino!
EUG. (Sin moverse) Á la Otra puerta! (Salen algunas chispas del
cañón.)
Siseb. Que me abraso!... que el canon de esta chimenea está
ardiendo! Nada; no me oye: me abandona á mi fogosa
posición! (Gritando.) Fuego, vecinos!...
ESCENA VIH.
DICHOS, después las VECINAS, luego ROSA.
CANTO.
Voces. (Dentro.) ¿Dónde es el fuego?
SlSEB. (Atado al cañón de la chimenea.)
Aquí!... aquí!
Uf! que me abraso!
pronto, acudid!
Favor, vecinos,
por compasión,
que estoy lo mismo
que un ebicharronl
i
— 29 —
VECINAS. (Asomándose á todas las ventanas.)
¿Qué ocurre?— Qué pasa?
Otras. Que hay fuego— en la casa!
Todas. Que toquen, — que acudan,
que suban, — que avisen,
que griten,— que llamen,
bomberos, — favor!
Unas. Que el fuego— se extiende!
Otras. Que todo— se enciende!
Todas. Que traigan— la bomba!
que suban— la manga!
que griten, — que llamen,
bomberos,™ favor!
Que suban los bomberos,
que toque el sacristán,
que va á arder todo el barrio
si tardan en llegar!
Vec. 1.a (Con voz de vieja, echando á D. Sisebutoun jarro de agua.)
Allá va eso, vecino!
Siseb. Canastos!
VEC. 2.a (En el mismo tono chillón, echándole otro jarro.)
Agua vá!
Siseb. Dirija usted, vecina,
la puntería atrás!
ROSA. (Entreabriendo la ventana.)
(Oculta observar debo
lo que hacen, sin chistar,
no sea que murmure
de mí la vecindad!)
Siseb. (Atado.) Me enfrian por delante!
me quemo por detrás!
estoy como un puchero
que han puesto á calentar!
EüG. (Escondido detrás de la buhardilla de Rosa.)
(Si salgo y me descubren
la gorda se va á armar!
— 30 —
mas vale que el vecino
se tueste algo el gabán!)
VECINAS. ^En las ventanas, con velones, candiles, jarros con agua, cánlá-*
ios; etc. , etc.)
Que suban los bomberos,
que toque el sacristán,
que va á arder todo el barrio
si tardan en llegar!
(Confusión. Cuadro animado. Rosa cierra la ventana. Cesa la
música.)
ESCENA ÍX.
DICHOS, un COMISARIO de policía y dos SERENOS que aparecen en el
terrado.
£ HABLADO. T
Gom. Dónde es el fuego, vecinos?
Siseb. Aquí... acudid pronto, ó me achicharro como san Lo-
renzo!
Vec. 1.a Traed mas agua!
Gom. Un hombre atado á esa chimenea!
Siseb. Por compasión, señores; que ya huelo á tostado!
Gom. desatadle. (Los Serenos le desatan desde el terrado. Las vecinas
desde el principio de la escena aparecen y desaparecen de las
ventanas: cuadro animado.)
Vec 2.a (Con un jarro.) Aquí hay mas agua!
Vec. 1.a Allá va ese cántaro!
Otra. Que suban los bomberos!
Siseb. (Viéndose libre.) Uf!... gracias á Dios!
Gom. (á íds vecinas.) No hay que alarmarse, señores; esto no
es nada; era el cañón de esta chimenea, y ya se ha
apagado: pueden ustedes retirarse tranquilos!
VECINAS. Baall!... (Cierran todas las ventanas, murmurando las unas ccm
las otras.) Y para eso tanto ruido!...
Gom. (Dirigiéndose á d. Sisebuto.) Ahora... síganos usted á la
— 31 -
prevención.
Siseb. Yo!... (Esto solo me faltaba!) Pero hombre repare us-
ted que yo...
Com. (Reconociéndole.) Galla!,., pues si es don Sisebuto!
Siseb. El mismo en persona, amigo mió!
Com. Pero hombre, ¿qué hacia usted atado á esa chimenea?
Siseb. (c™ atontamiento.) Como estoy tan acatarrado... achí!...
estaba tomando el sol.
Com. Tomando el sol á estas horas?
Siseb. No... quiero decir... la... la luna!... porque á mí me ha
entrado ahora por... por la antropología]
Com. (Este hombre se ha vuelto loco!) Esperadme en la puer-
ta. (Vánse por la escalerilla del terrado los dos Serenos. El Co-
misario y D. Sisebuto hablan aparte.)
Eug. (Es el Comisario de policía! si llega á echarme la vista
encima y sabe que yo he atado á don Sisebuto!... Estoy
COn el alma en Un hilo!) (Se oculta delante de la ventana de
la buhardilla. )
Com. Vaya, hombre; bájese usted á su habitación, que la no-
che está fria para esas observaciones astronómicas.
Siseb. Voy, voy en seguida, (saltando ai terrado.) (Ya me las pa-
garás todas, infame aprendiz! No creas que por esto
desisto de mi empeño!)
COM. (Ayudándole á saltar.) VamOS, don Sisebuto.
SlSEB. Gracias, amigO mío. (Desaparecen por la escalera del terrado:
Vuelve todo á quedar en silencio.)
ESCENA X.
BOSA y EUGENIO, que cae de espaldas en los brazos de «lia, al abrir la
ventana.
ROSA. (Asustada.) Ah!
Eug. (En sus brazos.) Silencio ó nos perdemos todos!
Rosa Levántese usted!
Eug. Ay Rosa... Rosita!... mi salvación está en -sus brazos de
usted!... Así me estaría toda mi vida!
Rosa. Ó se levanta usted ó le dejo!
_ 32 —
Eüg. (incorporándose.) Áy, Rosita!... me encontraba también en
esa posición!
Rosa. Pero, qué ha sucedido?
Eug. Que ese infame don Siseoruto, por vengarse de mí,
ha asustado á la vecindad dando gritos alarmantes co-
mo un energúmeno!
Rosa. Me lo figuré!
Eug. (Mirando á todos lados ) Parece que todos se han retirado
ya. (Se dirige á g*atas hácia el terrado.)
Rosa. Mas vale así!
Eug. (volviendo la cabeza.) Diga usted, Rosita...
Rosa. Qué?
Eug. Es sorda su madre de usted?
Rosa. Por qué me hace usted esa pregunta?
Eug. Porque cuando no se ha despertado con este estru-
picio...
Rosa. Y eso qué?
Eüg. Nada, que... que mas vale así; porque siendo sorda...
pues, 110 Se asustará tan á menudo. (Tropezando con la
cartera que en la escena anterior habrá perdido don Sisebuto).
Calla!... qué es esto!
Rosa. El qué?
Eug. (Cociéndola.) Una cartera!... si será de ese don Cucufate
ó don Sisebrutot Afortunadamente ha dejado allí la lin-
terna y podremos descubrir á quien pertenece, (sabe ai
terrado y á la luz de la linterna ía examina.)
Rosa. Tal vez por alguna tarjeta ..
EüG. (Sacando un papel.) Aquí hay Un papel... (D>spues de leer-
lo.) Canastos!...
Rosa. Qué es eso!
Eug. (Leyendo.) «Á Eugenio Roviralta, su sobrino...» Pues si
. es mi propio nombre!
Rosa. Su nombre de usted?
EUG. (Bajando con la cartera y la linterna hácia la buhardilla.) Si
cuando yo digo que todo lo que pasa de tejas arriba es
inconcebible!... sí señora , inconcebible!... Encontrar
uno su fortuna entre la canaleja de un tejado!... Ay,
j
— 35 —
Rosa... Rosita, si esto fuera verdad!...
Rosa. Pero expliqúese usted!
ElJG. (Dándola la linterna y sentándose al laclo de la buhardilla.) Há
game usted el favor de tenerme la linterna.
Rosa. (Cogiéndola.) Traiga usted, y lea pronto.
Ecg. Es una carta del testamentario de mi ti a, la de Améri-
ca (á quien Dios haya perdonado), dirigida á don Sise-
buto!...
Rosa . Bien, hombre, lea usted.
Eug. (Leyendo.) «Su hermana de usted, doña Escolástica, me
«recomendó mucho antes de morir...» Pobrecita!..-
«Que en cumplimiento de una de las cláusulas de su
«testamento, busque usted á su sobrino, Eugenio Ro-
wviralta y Campillo, y le entregue los seis mil duros
»que le corresponden...)) Etcétera, etcétera, etcétera.
Ay, Rosita... Rosita!... don Sisebuto es mi tío!... dona
Escolástica mi lia!... y yo don... don... seis mil duros
que me deja en su testamento! Ya somos felices!... ya
podemos Casarnos. ..(La besa la mano.)
Rosa. Repare usted...
Eüg. Sí señora, casarnos; porque usted me ama... yo la
amo... nosotros nos amamos, y adelante con los fa-
roles! (Vuelve á besarla la mano.)
Rosa. Pero Eugenio!
Eug. Voy en busca de mi tío. (subiendo ai terrado.) Yo quiero
reconocer pronto á mi querido tio! (Dando voces.) Don
SisebutO... don Sisebuto! (Va á saltar la barandilla del ter-
rado, y se detiene al ver asomar la cabeza á D. Sisebuto por la
escalera. )
ESCENA ÚLTIMA.
DICHOS, D. SISEBUTO, después las VECINAS en las Ventanas.
Hola, vecinito!... Se ha pasado ya la tormenta?
(Montado en la barandilla.) Calla!... estaba usted ahí aga-
zapado!
2
SlSEB.
Eug.
— 34 —
Siseb. Si señoi>he querido presenciar desde aquí el espec-
táculo!
Eug. Suba usted... suba usted, que aquí todos le queremos
bien.
Siseb. Muchas gracias, vecino; pero no estoy tan rnalfcon m!
individuo para exponerme otra vez al furor de un
aprendiz de fotógrafo.
Eug. Le juro á usted por la memoria de mi querida tia doña
Escolástica (que en paz descanse), que no trato de ha-
cerle daño.
Siseb. En! qué dice usted? (Snb« al terrado.)
Eug. (Abrazándole.) Señor don Sisebuto dispense usted mis ar-
rebatos, y reciba con toda la efusión de mi corazón es-
te abrazo de familia!
Siseb. Hombre... que me ahoga usted?
Eug. Su cartera de usted lo ha descubierto todo!...
Siseb. Mi cartera!... (Regí*t rándose. ) Galla! pues es verdad, que
la he perdido!
Rosa. (Enseñándosela.) Sí, señor: aquí la tiene usted!
Siseb. (saltando ai tejado.) Si habrá leído mi correspondencia se-
creta!...
Eug. (Abrazándole.) Ay, señor don Sisebuto!...
Sjseb. Pero hombre!... á qué vienen ahora esas demostraciones
de cariño!
Eug. Por qué? y usted me lo pregunta, querido lio!
Siseb. Eh!
Eug. No le dice á usted su corazón que yo soy Eugenio Ro-
viralta y Campillo...
SISEB. TÚ, tú mi Sobrino!... Aíl! (Al abrazarse resbalan y eaen en
medio del tejado.)
Eug. Ay!
Siseb. üy!... por poco nos rompemos el espinazo con tan grato
reconocimiento!
Eug. Se ha hecho usted mucho daño, lio?
Sislb. Y tú, sobrino?
Eug. Bastante. (qu ejándose.) A ) !
SíSO. Pues yo aigO mas!... Uf! (Ambos peimaneeen sentados.)
— 35 —
1*jg. (compungido.) Conque es cierto, enírañable tío, que su
respetable hermana de usted, mi querida tia, ha muer-
to por fin!
Siseb. (Enternecido.) Sí, sobrino; ha muerto... para siempre!
Eug. Permítame usted que la dedique esta lágrima! (uora.)
Siseb. Yo la dediqué dos cuantió recibí tan infausta nueva!
Eug. Cómo nueva!... si tenia setenta . y cinco años!... Pobre
huérfana! Y de qué mal ha muerto?
Siseb. De un susto!
EüG. Ah!... (Breve pausa: variando de entonación.) GonqUO CUan-
do usted quiera entregarme esos cuartos!
Siseb. Parece que el dolor no te lia impedido ver...
Eug. Como estaba á renglón seguido!
Siseb. Pues sí, querido sobrino; seis mil duros conservo en me
poder para tí, y te los entregaré mañana.., si tú no i
niegas á recibirlo.
Eug. Negarme yo á cumplir la última voluntad de mi queri-
da tia!... jamás he sido ingrato! (Abrazándole.) En fin
qué tendré yo que decir á usted cuando... Sí señor
usted es mi padre!
Siseb. Cómo tu padre!
Eug. Quiero decir... que á usted... y á mi tia Escolástica, ge
lo debo todo!
Siseb. Bien, hombre, bien; pero oye, sobrino; vamos á echar
raices en el tejado?
Eug. (Ayudando á levanta á d. sisebutj.) Levántese usted... le-
vántese usted con cuidado, porque... usted no sabe lo
que esta noche me interesa su vida.
Siseb. Ya me lo figuro!
Eug. Y ahora... qnerido tio, si usted desea mi felicidad, íe
suplico, si Rosita me lo permite, que entre usted á
ver á su madre y le pida en toda regla la mano de su
hija...
Siseb. Eh!
Eug. Para este pobre aprendiz de fotógrafo!
Siseb. Sobrino!... (Vaya una comisión! )
Eug. (Ya ve usted; si mi querida tia, su mujer de usted, llaga
— 36 —
ra á saber que se había opuesto...)
Siseb. (Calla, sobrino! tapemos lo pasado y...) Pero; hombre! á
estas horas...
Eug. Ya'le he dicho á usted que todo lo que pasa de tejas
arriba debe ser extraordinario!
Rosa. Se negaría usted á nuestra felicidad?
Siseb. Yo... Rosita!...
Eug. Todo lo contrario; usted será el padrino...
Siseb. Yo!
Eug. Y ahora mismo voy á convidar á mi boda á todos lo
vecinos.
Siseb. Repara, sobrino del demonio!...
Eug. No se ponga usted motes, tío.
Siseb. Pero...
Eug. Si señor; extraordinario!... inconcebible! (Dando voces.)
Vecinos! vecinas! amables vecinitas!...
Siseb. Que me comprometes, sobrino!
Eug. (Eso es lo que yo quiero.) (Llamando.) Vecinos...
Siseb. Calla, energúmeno!
Eug. (En cuanto yo coja los seis mi! del pico, ya es fácil que
nos vuelvas á ver, viejo verde! (Gritando.) Vecinitas!
Vec. 1.a (Á !a ventana. ) Qué ocurre?
VEC. 2.a (ídem ) Qué pasa? (Se asoman todas los vecinas.)
Eug. (á las vecinas . ) Que don Sisebuto, el respetable don Si,
sebuto, el venerable don Sisebuto, el inconmensurablo
don Sisebuto, es mi imponderable tío!
Vecinas. D. Sisebuto!
Siseb. (infame!)
Eug. Que este feliz reconocimiento me hace dueño de una he-
rencia de... de seis mil millones de duros]
Vecinas. HuuuyÜ!
SlSEB. (Tirándole de la blusa.) (Sobrino!. ..)
Eug. (Es igual!)
Siseb. Pero...
Eug. ítem mas, que mañana me caso.
Vecinas. Se casa!
Siseb. (Sobrino!)
O i
Eug. Y que os convido á todos á mi boda.
Vecinas. Á su boda!
Siseb. (Sobrino!)
Eug. Y que mi tío va á ser el padrino mas rumboso de todos
los tíos nacidos y por nacer.
Vecinas. Bravo! <ien!
Siseb. (¡Me aplastó!)
Eug. Y corno epitalamio á mi boda va á cantarnos una de su
tierra! vivan los aragoneses!
Siseb. (Esto solo me faltaba!) pero, hombre, si estoy acatarra-
do!... Achí!
Eug. No importa.
Vecinas. Sí, sí, que cante don Sisebuto.
Siseb. (Mirando á Rosa.) (Ay, Rosa, Rosita!... y cuántos sinsabo-
res me cuestas! )
EüG. (Acercándose.) Eh!
Siseb. Nada... que... Puesto que no hay otro remedio, allá va
la despedida. (Uf! qué noche tan completa!) Ejem!
MUSICA. —GABJTO.
SlSEB. (Mirando á Rosa.)
Un gato hacia el amor
á una gata en un tejado,
y cuanto mas la miraba
mas se relamia el gato.
Al micho, michito
que acuda á la boda,
un cascabel i to
le pondrá la novia.
Rosa. Lo que mi pecho buscaba
hallé DE TEJAS ARRIBA,
y eso que un gatazo negro
me miraba y se reia.
(Mirando á D. Sisebuto.)
Al micho, michito
— 38 —
que acuda á la boda,
mi futuro tio
lo buscará novia.
EüG. (Mirando á D. Sisebuto.)
Un gato muy marrullero
á una gata pretendía,
y la gata le dejó
cuando él mas se relamia!
Al micho, rnichito
que acuda á la boda,
mi querido tio
le buscará novia.
Vecinas. Á la zapaquilda
que salga al tejado,
le dará el padrino
su marramamiaol
FIN,
WOTA. Aunque la decoración de esta obra es bastante sencilla, el autor
cree, sin embargo, que no estará demás advertir á los directores de escena
de los teatros de provincias, que si encuentran algunas dificultades en ele-
var el tejado, pueden imitarlo sobre el mismo tablado del escenario, cubrién-
dole coa ana alfombra ó tela pintada de tejas, la »ual producirá el misao
efleete.
OBRAS DRAMÁTICAS
DE
D P. MORENO GIL.
La flor trasplantada ...
Este cuarto no se alquila.
Pobres y ricos
Aventuras de un cesante.
Vi y vencí!
Una obra de caridad
Los Filibusteros (i)
Un consejo de guerra (2). .
La tapa de cuello
Mi otro yo ó la prueba
tangible!
De tejas arriba (á)
Drama en tre§ actos, original y en verso.
Comedia en un acto, original y en prosa.
Drama en tres actos, original y en verso.
Comedia en un acto, original y en prosa.
Comedia en tres actos, original y en verso.
Comedia en un acto, original y en prosa.
Zarzuela en tres actos, original y en prosa*
Zarzuela en dos actos¿ original y en prosa.
Comedia en t n acto, original y en prosa.
Sistema cómico-filosófico, en un acto, ori-
ginal y en prosa.
Bufonada gatuna en un acto, oiiginal y en
prosa.
1 Música del maestro Moderatí.
2 Música del maestro Balart.
3 Música del maestro l>;iibieri.
VENTA EN MADRID.
LIBRERÍA DE LA VIUDA É HIJOS DE D. JOSÉ CUESTA,
CARRETAS, 9.
SRES. MOYA Y PLAZA, CARRETAS, 8.
DON ALFONSO DURAN, CARRERA DE SAN GERÓNIMO, 2.
EN PROVINCIAS.
EN LAS PRINCIPALES LIBRERÍAS.